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Socialismo: el mal no la solución
Carlos Molina Gavilanes
Economista ecuatoriano
Desde sus inicios cuando François-Noël Babeuf (1760-1797) en Le Tribun du peuple exigía la abolición de la propiedad privada y la colectivización de la tierra, pasando por su sistematización con Marx (1818-1883), hasta su teoría en declive con la caída del Muro de Berlín (noviembre 9 de 1989), el socialismo se ha implementado en diversos grados en muchos lugares y siempre ha dado como resultado lo mismo: pobreza, despotismo y muerte. La historia ha juzgado este sistema,; sin embargo, hay quienes no quieren abrir los ojos, y bajo camuflajes, adornos o violentando la semántica, nos quieren vender la idea de un nuevo sistema que nos lleva a la felicidad.
Digo esto porque hace poco asistí a una charla del doctor Manuel Chiriboga, exjefe negociador del Tratado de Libre Comercio (TLC) Ecuador Estados Unidos, la cual estaba dirigida al gremio de industriales de Guayaquil y me llamó la atención que las opciones que proponía el expositor para Ecuador se circunscribían a tres tipos de socialismos: el bueno, el malo y el feo. Pero la historia nos dice que no hay socialismo bueno, preguntémosle a los habitantes de la ex-Europa del Este, a quienes viven en Corea del Norte, a los cubanos o a los venezolanos, muchos de los cuales a toda costa trataron y tratan- de huir del paraíso socialista. La limitación de la libertad genera pobreza y desigualdad no al revés como pregonan algunos para justificar la concentración ilimitada de poder en manos de los gobernantes.
El mercado libre. Decir que a Ecuador le conviene el socialismo chileno es distorsionar la realidad, en Chile gobierna la concertación de partidos de izquierda, pero el sistema socialista se desterró con Salvador Allende, y ahora su economía y la sociedad de ese país crecen gracias a los mayores grados de libertad que permiten que los chilenos exploten todas sus potencialidades.
Hay que decirlo con todas las letras, es el capitalismo, el mercado libre, el Estado de derecho, una sociedad de libertades la que ha hecho prosperar a Chile, Irlanda, España, El Salvador, Letonia, Portugal, Bostwana, etc. El lector aún incrédulo puede revisar los informes del Foro Económico Mundial, el informe Haciendo Negocios del Banco Mundial, el índice del Libertad Económica del Heritage Foundation o el del Fraser Institute.
No hay que tener miedo de decirlo, Ecuador necesita más capitalismo para salir de la pobreza. No más socialismo, que ha imperado junto con el mercantilismo y que ha hecho que grupos mafiosos se hagan millonarios a costa de la ignorancia de la gente. Capitalismo no significa que el Gobierno dé privilegios a grupos, no significa mayores impuestos, no significa medidas de ajuste estructural, no significa las privatizaciones corruptas que pasaron un monopolio público a uno privado, no significa devaluaciones e inflación acelerada, no significa endeudamiento público, no significa que el rico tenga privilegios ante el sistema de justicia. Capitalismo significa igualdad ante la Ley, libre competencia, libertad de emprendimiento, libertad para elegir y gobierno limitado que garantice los derechos fundamentales: vida, propiedad y libertad.
Es precisamente la ausencia de capitalismo lo que ha generado pobreza, lo que es aprovechado verdaderamente por los demagogos que generan esperanzas entre los pobres, dándoles dinero para aliviar transitoriamente sus carencias, pero sin resolver los reales problemas, condenándolos a la miseria. Parafraseando a David Horowitz, muchos han creído en la izquierda por el bien que prometía, pero han aprendido a juzgarla por el daño que ha hecho.